Escalerilla

¿No os ha pasado que, de tanto tener ideas en la cabeza, todo se vuelve un caos? No se encuentra salida. 

Es tan o igual de parecido a un ático, sí, ahí donde tiras todo con la esperanza de reutilizarle o arreglarlo. Donde se empolvan sueños e ideas, miedos y aletargados encantos. 

Vamos que todos tenemos ese espacio, no me jodan. 
Hasta el alma más pura y tranquila guarda en rinconcitos un poco de polvo. Nadie tiene el pensamiento pulcro, ni todos los sueños logramos. Siempre hay algo que dejamos atorado. 

Hay quienes se llevan la vida preguntándose ¿cómo es que haré para solucionar ese asuntillo? o quienes van por ahí diciéndose -como cada año nuevo- que harán algo con todo lo arrejolado ahí dentro. Pero es como una habitación con montón de ropa, libros, cuentos, reseñas, vídeos, cigarrillos y mal amores. Todo tan puesto a ser cogido en manos y acomodado que, de ser tan sencillo, sólo nos parece un engaño. 


No sé en qué momento de mi corta vida he logrado arrumbar tanto deseo y loco sueño en el ático. 



A menudo, cuando saco algo del sitio para usarlo, mi madre me pregunta que de dónde a salido todo eso. ¡Es una idea algo disparatada para alguien de tu edad, hija! Tú debiste cogerte esa idea de alguien más porque jamás antes habías dicho o pensado algo como tal… Vaya lío. 

De a poco, suelo invertir tiempo re negociando mi itinerario para ir metiendo en mi vida los juguetillos que guardo en ese ático. Tan mío, tan personal. Suena de risa que un joven tenga tanto por hacer. 



“Yo a tu edad, gozaba de la vida. Ni me preocupaba más que de estudiar.”  
-¡La puta madre que te parió! y no es tu madre.


Crecer como uno quiere sí que cuesta. Y no se aludan altos caballeros de la coherencia, que los mediocres solemos pensar más. Pero sí, quizá ése sea el problema…que sólo pensamos y, bien que mal, actuamos. Ya lo dije, ir tomando todo lo que dejamos dentro de ésa cabeza, cuesta. 

Yo no sé si pueda sacarlo todo, quizá me falten cosas por meter ahí. Miedos, furias, recuerdos y más miedos. Pero de a poco debo hacer espacio. Sacar lo antes puesto y avanzar. De sí me tomo la vida, tan natural como el proceso de digestión -comer, alojar, nutrirse de ello y luego desechar. 

Me haré de eso. 

Por lo pronto, ya quedó escrito el garabatillo del comienzo. El prologo de mi mente. Colocaré la escalerilla que, mágicamente, da pie a un mundo nada coherente -no sé si alocado- para muchos.