Ingenuidad y soberbia, su bandera periodística



Por Celene Santacruz @clnyoung

“Nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento”, Oscar Wilde.

Es la frase con la que enmarco el conflicto Carmen Aristegui VS MVS Radio luego de que, en razón de la radiodifusora, la conductora y su equipo se tomasen atribuciones que no les correspondían, al incorporarse a MéxicoLeaks con el nombre de Noticias MVS, sin siquiera notificar y pedir la autorización de dicha empresa. Un atrevimiento del cual, por mucho que a sus seguidores les pese, la periodista no puede justificar como un acto lleno de inocencia.

O es que ¿acaso Carmen, con sus tantos años de experiencia, desconoce los roles y lineamientos de una empresa? ¿Se puede suponer que los intereses van más allá de la editorial?

Y es que la periodista ha pasado, de ser objetiva, a volverse nada más y nada menos que en la víctima por la, “No más censura a Carmen Aristegui”, tragedia del periodismo en crisis. Una afirmación que ahora circula en las redes sociales bajo el hashtag #EnDefensaDeAritegui, ganándose los reflectores -tanto como en un programa de Laura Bozzo- exprimiendo como causa la libertad de expresión y el derecho de las audiencias. Lo que detonó en una situación -que hubiera sido aclarada fácilmente  por su equipo y por MVS de forma pacífica- de gran magnitud y que nadie esperaba.

Una mala decisión editorial de parte de Carmen Aristegui -de la cual no ha ofrecido disculpa alguna- desembocó en la drástica decisión de un MVS «autoritario» a la que ella contestó “No aceptaremos el vendaval autoritario de regresiones; no es tiempo de sometimientos”, cuando es claro que no respetó los lineamientos de la empresa que la contrató. Porque no solamente es la empresa a la que vas a cobrar la quincena, Carmen, sino con la que aceptas una relación laboral, que, seguramente incluyó entre sus cláusulas «no comprometer a la marca de la empresa» cuando sólo apoyas a título personal.

Ningún periodista está exento de seguir la línea editorial de su medio. Creer en su trabajo y en la credibilidad que se ha ganado, bastarían para “remendar” el desliz ético y continuar con el verdadero compromiso, las audiencias. Nos guste o no, las cosas son así. La ingenuidad e inocencia, jamás serán estandarte de quien informa, menos aun cuando le añades soberbia.

Que esto pasara después de publicar los reportajes de  la casa blanca de la gaviota, la casa de Videgaray, entre otras, despiertas sospechas –sí- pero que hasta ahora no dejan de ser especulaciones. Sin embargo que Aristegui deje un espacio en el que, a través de sus investigaciones, detona la discusión en materia de transparencia, rendición de cuentas y conflictos de intereses no deja de ser una gran pérdida que seguramente tiene muy contentos a unos y muy preocupados al resto de nosotros. Pecó de atrevida cuando quiso parecer ingenua.



¿Un amanecer o 50 déjà vu’s?


Título original: Fifty Shades of Grey
Estreno: 13 febrero 2015 (2h5min)
Director: Sam Taylor-Johnson
Con: Jamie Dornan, Dakota Johnson, Jennifer Ehle
Género: Erótico, Drama, Romántico
País: EE.UU.

Por amor a esta obra literaria, o por curiosidad, los cines en México se abarrotaron de altas expectativas, otros, se acomodaron en sus asientos para presenciar una comedia más -de esas que embaucan a las quinceañeras- tal como alguna vez lo hizo un vampiro en la saga de Twilight (Crepúsculo). Lo que no fue una simple casualidad y es que no fue raro encontrar más de un ligero parecido entre ambas historias. Ni qué decir de la película en general.

Después de un año de espera, la adaptación a film 50 Sombras de Grey -basada en el Best Seller con el mismo nombre- de la escritora E.L. James, llegó a las pantallas este 13 de Febrero. Pese a las críticas y oleadas de memes en las redes sociales, en rechazo a ésta, el estreno consiguió más de 80 millones de dólares en taquilla tan sólo en tres días, superando el récord de la película Valentine's Day de Garry Mars, que logró recaudar 63.1 millones de dólares en cuatro días.

Una chica poco agraciada, con baja autoestima, de aspecto descuidado y que siempre habla en voz en off; tan gris como el pavimento pero que, por alguna extraña razón, vuelve locos a todos los hombres. ¿Olvidé agregar que ambas protagonistas son vírgenes? Un hombre misterioso, atractivo y con dinero que, a toda costa, parece pelear porque su “secreto” jamás sea revelado. Hombres fuera de lo común, ya sea por pasearte en un helicóptero o por llevarte en hombros cuesta arriba entre las copas de pinos frondosos en el bosque de Forks. 

De tres cosas estaba absolutamente segura. Primera, Edward era un vampiro y Christian un sadomasoquista. La segunda, había una parte de ellos y no sabía si era la parte dominante, sedienta por las damiselas en apuros. Y la tercera, que éstas están incondicional e irrevocablemente enamoradas de su dinero, digo, de ellos –en referencia a palabras de Bella Swan, en el primer tomo de la saga de Crepúsculo. Para los ávidos lectores y consumidores –por alguna razón ajena a sus gustos, es decir sus parejas- no será difícil reconocer el sustancial parecido entre ambas obras. ¿Ya mencioné que ambas historias ocurren en el estado de Washington?

Una obra que nace como un escrito de fans, de 2009 al 2011 –de la Saga de Twilight-,  donde participaba  E.L. James al que podía accederse de forma gratuita en internet, a través de fanfiction.net, la autora iba subiendo a disposición de los fans los diferentes capítulos que, finalmente, acabarían conformando los tres libros que conocemos como la trilogía de Cincuenta Sombras de Grey. Y así la lista podría continuar, con escenas tan parecidas que -a pesar de los esfuerzos de la editorial The Vintage por readaptar la obra y eliminar las referencias a la trama de Crepúsculo- cualquiera que soporte ver estas películas, no importando el orden de las mismas, podrá sentirse un déjà vu.




Por: Celene Santacruz